Mientras la mayoría de nosotros nos encontrábamos desconectados de la discusión pública por el asueto de Día de Muertos, un hecho notable se llevó a cabo en las inmediaciones de la Cámara de Diputados. El pasado primero de noviembre, Animal Político documentó, en un video que puede consultarse en su portal, un breve intercambio de palabras entre el coordinador de la bancada priista en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones, y un viejo favorito de este espacio: el diputado Martí Batres.

Si bien no trascendió a las primeras planas de los diarios nacionales, este encuentro es significativo porque ilustra, de manera espontánea y lúcida, los principales vicios de la negociación legislativa de nuestro país. Como primer acto, el diputado Batres, siempre tan consciente de su papel de vocero del pueblo, aborda con un grupo de seguidores a Beltrones. El número es montado con finalidad de recordarle al coordinador que la reforma laboral “es mala para el pueblo” y que “le estamos dejando un México fatal a nuestros hijos”. Naturalmente, toda la responsabilidad es atribuida al Revolucionario Institucional.

Beltrones responde a las quejas de los acompañantes de Batres con la naturalidad y astucia de alguien que ha vivido dedicado a la política; invita al diálogo, al consenso, a la negociación. Hasta ahí, nada nuevo. Beltrones es un político hábil y experimentado; eso es sabido por propios y extraños. Lo alarmante es el cierre de su intervención: “eso [el seguro de desempleo, entre otros] viene en la reforma de Peña Nieto”, y añade: “ésta la propuso el PAN”. Eso sí, el diputado priista es generoso y le recuerda a Batres que le van a dar la oportunidad de que vote la propuesta de Enrique Peña Nieto.

Dejando a un lado el contenido de la reforma por un momento, vale la pena pensar en el significado de este breve encuentro. Por un lado, Batres recurre a seguidores para apelar a la bondad del priista. O a la lástima, da lo mismo. Lo importante es que es frente a las cámaras: un intercambio planeado como fortuito y espontáneo que en realidad es un acto de chantaje. Por el otro, Beltrones deja en claro, de manera brevísima y clara, el verdadero interés del grupo que coordina. La reforma no importa, los alegatos de la izquierda no importan: lo verdaderamente relevante es que esta reforma la propuso el PAN y que viene otra, más completa, que propondrán ellos; el triunfo tiene que ser del presidente electo. Así de fácil.

Seis minutos son suficientes para dejar en claro los principales obstáculos del proceso legislativo en nuestro país. No, no es el famoso “gobierno dividido” como a muchos les gusta decir, sino el afán de los partidos –todos– por utilizar el recinto legislativo como plataforma para obtener triunfos meramente partidistas: ya sea por medio del chantaje, ya sean expuestos en breves lapsos de cinismo. Seis minutos son suficientes para exponer la naturaleza de la negociación de nuestras leyes: un diálogo de sordos.